Esta vez no podía pedir la palabra para defenderse. Debía limitarse a escuchar su diagnóstico psicológico desde el banquillo. Resignado, tal vez, se limitó a esconder su rostro tras las palmas de las manos.

El ex oficial Andrés Fabersani, sindicado como encubridor del crimen del juez Héctor Agustín Aráoz, actuó a lo largo del debate como un hombre extrovertido. Y su examen psicológico lo confirma. "Es un hombre verborrágico, con una personalidad expansiva, cauteloso, con signos de tensión, ansiedad, excitabilidad, rasgos paranoides y culpa no resuelta". Ese fue el dictamen de los expertos. Y mientras el secretario de la sala I de la Cámara Penal, Carlos Lix Klett, leía el informe, Fabersani arqueaba las cejas, asombrado. "Presenta compatibilidad con la personalidad neurótica obsesiva. A la fecha, no muestra dificultades en el manejo de la fluctuaciones y aceptación de las limitaciones, lo cual no habla de un sujeto probablemente sin conflictos en la capacidad de aceptación y en el manejo de los impulsos", dice el informe.

Cuando los jueces ordenaron el cuarto intermedio, Fabersani al fin tuvo una tregua.